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06 September 2008 | 6 Elul 5768 | Shoftim

El Estilo de Liderato del Mesías / Vol 10 No 11

Liderato. Usted sabe lo que es y sabe lo que no es. Pero si a usted se le preguntara directamente, ¿Cómo usted lo definiría?

Definir el liderato es como tratar de lanzar gelatina a la pared. Es una proposición bien elusiva y resbaladiza. La mayoría de las personas son incapaces de dar una definición verbal. Ellos saben que el liderato involucra muchas cosas. Se trata de tener buen juicio y toma de decisiones. Es acerca de inspirar a otros para que cumplan con más de lo que ellos piensan que podrían. El diccionario Webster define el liderato como la posición o guía de un líder, la habilidad para dirigir. Eso es como definir que una flor es algo verde que crece. No expresa de qué se trata la flor en realidad. Les presento este pequeño dilema para llamar la atención a un importante aspecto de nuestra fe. Quiero que consideren el estilo de liderato del Mesías. ¿Cómo nos guió el Mesías?

Todos sabemos que debemos seguir el ejemplo del Mesías. Como líderes de hermandades y congregaciones, ¿cuál es el estilo de liderato del Mesías? A propósito, cada uno de nosotros necesitamos saber esto. Los líderes necesitan saber esto para poder dirigir efectivamente y los miembros necesitan saberlo para reconocer la conducta apropiada o discernir la conducta inapropiada en los líderes que ellos deciden seguir.

Déjenme comenzar compartiendo una experiencia que tuve algunos años atrás. Yo fui invitado a un almuerzo de hombres de oración. Estos eran hombres profesionales que se reunían una vez al mes en su ciudad para orar y alentarse unos a otros en el Señor en un restaurante de la localidad. Se me dio la oportunidad de compartir unas pocas palabras (como unos 15 minutos) mientras engullía un sándwich en medio de cincuenta individuos que se daban saludos unos a otros. Sin embargo mis comentarios no fueron recibidos como alentadores por cada uno. Yo hablé acerca del juicio futuro de Dios y de que necesitábamos estar preparados. Muchos allí creían en el rapto antes de la tribulación y era claro que yo no estaba dando la doctrina estándar. Un caballero se me acercó después de la reunión y yo podía decir por sus ojos llorosos y su voz temblorosa que el quería tener un problema conmigo.

Primero él declaró que mis comentarios habían sido “bien subjetivos” contrario a ser “objetivos”. Yo no estuve en desacuerdo con esto; en vez, yo estuve completamente en acuerdo. Le expliqué que en 15 minutos no tuve la oportunidad de presentar todos los factores y ser objetivo en el asunto. Debido al corto tiempo, fui directo al grano y presenté el tópico en una manera subjetiva. Él parecía frustrado porque yo había estado de acuerdo con él. Yo tenía el pensamiento distinto de que él estaba buscando tener algún desacuerdo para poder dispararme su pistola.

Entonces él cambió a otra pregunta. “¿Cuántos años tiene usted?” Yo contesté, “tengo 47 años, señor.” Yo pienso que él estaba un tanto sorprendido dado a lo joven y saludable que me veía. Así es que le pregunté “¿Cuántos años tiene usted, señor?” Él respondió inmediatamente con “64 años.”

En esos momentos el ambiente del restaurante estaba quieto y tenso. Los hombres que quedaban allí cesaron de sus conversaciones. Ellos estaban enfocados en nosotros y podían sentir que había un conflicto presente. Yo lo podía sentir también y le estaba pidiendo al Señor qué era lo que Él quería que yo hiciera con este hombre.

De repente, mi boca se abrió y me oí a mí mismo decir, “¿Así es que usted piensa que eso hace una diferencia?” Mi voz era firme y directa. Él me miro de ojo a ojo. “Sí…Sí lo pienso.” “¿Cómo así?”, le pregunté. “Bueno, yo me encuentro en una etapa diferente de la vida que usted,” él respondió. “Usted está en lo cierto, usted está en una etapa diferente de la vida. Pero, ¿quiere usted saber qué es lo que hace la diferencia?” Él estaba en silencio al igual que todos en aquél salón en ese momento. Mi boca le dio la respuesta. “¡El estar ungido es lo que hace la diferencia! Por eso el Mesías era diferente a todos los demás. Él es el Ungido. Y cuando usted va a ministrar a otros, es mejor que usted esté ungido de manera que usted hable en Su autoridad, no en la autoridad del hombre.”

Ese fue un momento que yo nunca he olvidado. No solamente experimenté el Espíritu de Dios sino también el contenido de la declaración era profundo y claro. El conflicto se terminó, fue resuelto ahí mismo. Hubo paz.

El Mesías se encontró con mucha gente en situaciones directas. Hay muchas conversaciones registradas para nosotros en los Evangelios. Él confrontaba a la gente directamente con sus corazones y les hacía preguntas con poder y sabiduría. En muchas ocasiones, Él se ganó los corazones de la gente al convertir el asunto o conflicto en un ejemplo brillante de sabiduría.
Esta no era la única característica del liderato del Mesías. Consideren este muy obvio estilo de liderato. ¿Saben ustedes que cuando aquellos en autoridad fueron a buscar al Mesías para arrestarlo, ellos tuvieron que contratar a alguien para que lo identificara?

Piensen en eso por un momento. Yeshúa quería que la gente escuchara su mensaje; era un mensaje de vida. Aún así, Él no promovió su apariencia para nada. De seguro, Él había estado en el templo y en lugares públicos muchas veces – Él no se escondía a Sí mismo. Pero los líderes y los oficiales no lo habían visto. Los oficiales no pudieron identificarlo en persona, cara a cara. Ellos sólo sabían acerca de Él a través de otros y de lo que ellos habían dicho acerca de Él. Él no hizo su aparición distinta. Si ustedes han visto cualquier película que representa a Yeshúa, todas ellas comparten algo en común que no es como era Yeshúa para nada. Ustedes saben a lo que yo me refiero. El Mesías siempre es un tipo muy bien parecido, con sonrisa sencilla, de estatura mediana, con una cabellera brillante hermosa, y con una túnica crema colorida (todos los demás visten alguna bata de color marrón viejo). Lo cierto es que Yeshúa tenía las mismas vestiduras que los otros discípulos; usted no podía distinguirlo de cualquiera otro en la multitud. De hecho, hay evidencia en las Escrituras que sugieren que Él no era hermoso para nada.

Consideren el estilo de liderato de otros hombres. Parece ser que la apariencia está por encima de todo para todos los demás. La ropa es lo que hace al hombre, ¿no sabían eso? La ropa representa la posición y poder del líder (riqueza). Los generales se ven diferentes a los soldados. A los oficiales les gusta verse diferente a los de las tropas (excepto cuando ellos no quieren ser blancos del enemigo). Los hombres hacen su juicio inicial acerca de los demás, basado en la apariencia externa. Los reyes siempre deben lucir como reyes, si no, ellos no tendrán su poder y prestigio real.

Este punto era particularmente cierto cuando Yeshúa fue llevado ante Pilato por primera vez. Él fue acusado de llamarse Rey por los ancianos del templo, pero Él claramente no lucía como un rey.

Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Yeshúa y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Yeshúa le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de Mí?
Juan 18:33-34

La pregunta de Yeshúa a Pilato puso el conflicto en perspectiva. Aquí estaba Pilato, el líder romano siendo solicitado para que juzgara un asunto en base a lo que otros estaban diciendo en vez de hacerlo en base a la evidencia. No había nada en la apariencia de Yeshúa que le sugiriera a Pilato que Él se considerara a Sí mismo como un rey.

El liderato se trata de buen juicio y una toma de decisión apropiada. Se les pide a los líderes que hagan juicio y decisiones que afectan a otras vidas diariamente. Se supone que ellos hagan esto basado en evidencias después de haber realizado una búsqueda de la verdad. Ellos no pueden hacer juicios como lo hacen los demás basándose solamente en las cosas externas, o especialmente en las palabras de otros en forma de rumores. La pregunta de Yeshúa confrontó a Pilato con el factor de que él sólo tenía rumores y ninguna evidencia con lo que pudiera juzgarlo a Él. Pilato supo instantáneamente que Yeshúa tenía la razón, así es que él procedió a desviar el juicio fuera de él, llevándolo sobre aquéllos que lo trajeron a Él.

Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
Juan 18:35

Ahora Pilato está hablando la verdad. Son otros quienes ya lo han juzgado y lo han traído ante Pilato. Con ese entendimiento, Yeshúa ahora se dirige al Gobernador Romano.

Respondió Yeshúa: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Yeshúa: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.
Juan 18:36-37

Esta es una respuesta asombrosa. Ahora Pilato está llamando a Yeshúa rey basándose en una conversación. Quizás usted se pregunte, ¿Cómo usted sabe que Yeshúa es un rey de otro mundo? No obstante, la verdadera pregunta aquí es que si hay alguna evidencia de maldad y cuál es la verdad en el asunto. Por eso, Pilato pregunta.

Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito.
Juan 18:38

A estas alturas, Pilato ha sido confrontado con el factor de que no había evidencia de maldad. Él quizás era o no era un rey, eso era otro asunto. Por lo tanto, él propiamente concluye de que Él “no es culpable” de ningún delito de lo cual pudiera ser juzgado.

Pero como ustedes saben, los ancianos del templo no iban a aceptar una declaración de “no culpable” desde el principio. Así es que Pilato trata de intercambiar a un hombre llamado Barrabás, que significa “Hijo del Padre”, en lugar de Yeshúa, “el Rey de los Judíos.”

El intento de Pilato de apaciguar a aquellos que lo acusaban a Él, fue en vano. En vez de que la verdad saliera a relucir, Pilato vio un camino a la comodidad, por eso permitió que Yeshúa fuera hostigado y burlado. Pero esto tampoco fue suficiente para aquellos que lo habían traído. Ellos demandaron su muerte.

Una vez más, Pilato se acerca a Yeshúa haciendo más preguntas, tratando de sacar alguna clase de evidencia que apoyara su decisión de “no culpable”. Él hace más preguntas tales como ¿de dónde vienes? Pero de repente, Yeshúa no responde. Pilato estaba frustrado. Él trata de influenciar a Yeshúa para que le conteste, utilizando su posición y autoridad como Gobernador Romano.

Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?
Juan 19:10

Esto es típico de muchos líderes de hoy. Si las cosas no parecen salir a su modo, utilizan el poder de su posición y título. Utilizan la intimidación y amenaza de fuerza. El problema es que ese poder personal no trabaja en un elemento más poderoso. ¿Un gobernador va a amenazar al Rey de Reyes? ¿Va un hombre a amenazar a Dios? Aquí hay una pequeña sabiduría para los líderes: si usted va a acudir a su posición de autoridad en alguna disputa, usted ha perdido la guerra. La respuesta de Yeshúa es aún más reveladora acerca del liderato.

Respondió Yeshúa: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.
Juan 19:11

Pilato era una pérdida total. Su habilidad para juzgar estaba comprometida. Su posición y autoridad eran inútiles. Él estaba en medio de algo más grande que él mismo y él ni siquiera cualificaba como uno de los principales en la disputa. Él era una pieza menor en ese juego de ajedrez.

Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone.
Juan 19:12

Cuando vemos la historia de este hombre Pilato, vemos a un hombre quien está atrapado en un sistema de liderato sin ninguna buena elección. Este es el mismo problema para la mayoría de los pastores y líderes religiosos de la Cristiandad de hoy.

El estilo de liderato del Mesías no es como el de Pilato. Él no necesitaba posición o título para cumplir con Sus tareas. ¿Alguna vez ha notado que Yeshúa no iba por ahí diciéndole a todo el mundo que Él era el Mesías? Él dejaba que otros llegaran a esa conclusión por sí mismos. Aún cuando a Él se le preguntaba directamente, Él no lo decía específicamente. Sin embargo, hay un par de lugares en donde este tópico salió a relucir. Ellos son particularmente dignos de notarse e ilustran algo del estilo de liderato del Mesías.

No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
Juan 5:30

¡Esto sí que es grande! Aquí está el Mesías diciendo que Él no puede hacer nada de Su propia iniciativa. ¿Cuántos líderes usted ha conocido quienes declaran su propia voluntad? Ellos piensan automáticamente que el liderato significa que ellos tienen que hacer algo para probar que ellos son los líderes. Yeshúa dijo que el estaba bajo la autoridad de Su Padre y que no estaba ahí por Su propia voluntad. Piensen en la definición otra vez para la palabra Mesías – el Ungido. Alguien ha tenido que ungirlo, ¿verdad? El estar bajo la autoridad y quedarse dentro de esa autoridad es de suprema importancia para ser un líder exitoso.

Recuerden el argumento entre Yeshúa y el centurión, aquél quien buscó la ayuda del Mesías.

Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. 3 Cuando el centurión oyó hablar de Yeshúa, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. 4 Y ellos vinieron a Yeshúa y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; 5 porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. 6 Y Yeshúa fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; 7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. 8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
Lucas 7:2-8

Primero, el centurión no envió a sus propios sirvientes, sino que él le pidió a otros quienes podían dar un buen testimonio de él que hablaran por él. Cuando Yeshúa estaba por llegar, todavía él apela a través de otros (no por él mismo) para pedir tan sólo que Yeshúa diga la “palabra” porque él reconocía la autoridad de Yeshúa para hacer el trabajo de Dios. Él sabía que la autoridad trabajaba de esta forma y él estaba completamente sujeto a la autoridad del Mesías. La respuesta del Mesías llama la atención al entendimiento propio que tenía el centurión como un líder.

Al oír esto, Yeshúa se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
Lucas 7:9

Antes de regresar a las declaraciones de Yeshúa acerca de su propia iniciativa, revisemos el momento cuando ellos vinieron retando a Yeshúa y la fuente de Su autoridad. Esta conversación toma lugar a lo último de Su ministerio.

Sucedió un día, que enseñando Yeshúa al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos, y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién es el que te ha dado esta autoridad? Respondiendo Yeshúa, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme: El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta. Y respondieron que no sabían de dónde fuese. Entonces Yeshúa les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.
Lucas 20:1-8

Yeshúa ciertamente sentía que la pregunta sobre Su autoridad era sólo el preámbulo de un desafío y una disputa. Es la típica pregunta que muchos líderes tienen que encarar. ¿En dónde conseguiste tu autoridad, tu educación, tu ordenamiento y tus credenciales? Muchos líderes usan sus credenciales y su trasfondo como su plataforma para el liderato. La plataforma de liderato del Mesías es el cielo – no hay plataforma más alta para una persona quien es ungida.

Temprano en mi propio ministerio, yo encaré este mismo tipo de pregunta. Fui directamente desafiado en esta característica del liderato de “ser un hombre bajo la autoridad” por mis propios hermanos Judío-Mesiánicos. Él hermano que me cuestionó era un Rabino Mesiánico de una congregación grande en una ciudad mayor. Él era el presidente de la Unión de Congregaciones Judío-Mesiánicas. Él era claramente un hombre con título y posición. En ese tiempo, yo dirigía un estudio semanal de la Torá con 50 personas y acababa de comenzar mi ministerio público. En aquellos días, este periódico sólo se le enviaba a mi familia inmediata y mis amistades. Todas las 175 copias de aquellos periódicos eran probablemente tirados a la basura al recibo. Sin embargo, pienso que mi madre lo leía primero antes de tirarlo. Él me desafió directamente al preguntarme a quién o a qué organización yo estaba sometido. Yo le respondí usando el mismo ejemplo del Mesías. “Yo estoy sometido a cualquier hermano que esté sometido al Mesías. ¿Conoce usted a algún hermano que esté sometido al Mesías?” El presidente nunca me contestó y desde entonces nunca más me ha hablado.

El estilo de liderato del Mesías está basado en el desempeño, y no en lo que es dicho por Él mismo acerca de Él mismo. De hecho, Él lo declara brevemente de esta forma.

Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
Juan 5:31

El testimonio de otro es más importante de lo que usted dice acerca de usted mismo. En el caso de Yeshúa, Él tenía el testimonio de Juan el Bautista desde el mismo principio. Así fue como sus primeros discípulos comenzaron a seguirle.

Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad.
Juan 5:32-33

No obstante, como verán, los testigos de otros no es el testimonio exclusivo de Su liderato, ni tampoco debe ser el de nosotros.

Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis. Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.
Juan 5:34-40

Para el Mesías y para cualquier líder espiritual de hoy, el testimonio del Mismo Dios es de mayor importancia que el mejor testimonio de cualquier grupo de hombres. Por lo tanto, solo porque un montón de gente siga a un líder o piense muy alto de él, no es suficiente medida de su liderato. Es solo parte de la medida. La más poderosa medida es lo que Dios piense de su liderato.

Yo comparto esta pequeña palabra ilustrada para hacer este punto a los líderes acerca de tener un buen testimonio en medio de los hermanos. A mí no me impresiona cuán rápido el pastor cruce el río. A mí me impresiona cuantas ovejas él consigue cruzar al otro lado del río. Al mismo tiempo, el pastor debe estar dispuesto a darse a él mismo por su rebaño pero nunca debe olvidar que el rebaño le pertenece a su amo.

Yeshúa una vez preguntó a sus discípulos directamente acerca de qué ellos pensaban de Él. Él comenzó preguntando qué era lo que otros hombres decían de Él.

Viniendo Yeshúa a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
Mateo 16:13-14

Los discípulos reflejaron exactamente lo que la gente estaba diciendo de Yeshúa. La gente estaba diciendo cosas diversas e incorrectas. Solo por un momento, consideren lo que otros estaban diciendo. Juan el Bautista. Yeshúa había estado con él anteriormente y Yeshúa era conocido por estar bautizando a la gente así como Juan. Muchos consideraban a Juan como un profeta. Pero los discípulos sabían que Juan el Bautista era diferente a Yeshúa de Nazaret. Elías. Ahora esto es interesante. Elías era una figura comandante en la historia de Israel y él fue profetizado para regresar. ¿No dijo Yeshúa algo acerca del espíritu de Elías? Jeremías. El fue un gran profeta de Judá. Quizás él habrá regresado, pero no había ninguna profecía que lo dijera, ¿o sí? Alguno de los profetas. Bueno sabemos que él estaba diciendo algo acerca de Dios, así es que él debe ser una clase de profeta – ¿cierto?

Aquí hay otra pequeña pieza de sabiduría acerca del liderato: Mientras más grande sea el seguimiento del líder, más grande es la distinción del mismo. La distinción es lo que la gente quiere creer acerca del líder – y muchas veces no es correcta. Uno de los mayores errores que un líder pueda cometer es creer en su propia distinción. Él comienza a creer en su título y se olvida de su propio nombre. Aquí es donde la verdadera humildad es esencial. Yeshúa cortaba la distinción y dirigía a sus discípulos hacia la verdad.

El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Yeshúa: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Mateo 16:15-17

El Espíritu de Dios nos guía hacia toda verdad. El Espíritu de Dios nos guiará a través de la evidencia para que la verdad sea clara. La evidencia será también pura e imperturbable por los motivos y prejuicios de los hombres. ¿Por qué Yeshúa no acababa de decir que Él era el Mesías? Porque es mejor dicho por otros quienes no tienen ninguna gloria por ganar. Decirlo Él mismo sería como servirse Él mismo.

Quizás por esto el Mesías habló tan directamente acerca del prestigio y los títulos que a los líderes les gusta perseguir.

En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;
Mateo 23:2-5

La cátedra (o silla) de Moisés es la posición de autoridad y responsabilidad por el rebaño de Dios. Es bueno que haya aquellos que estén dispuestos a tomar dicha carga de responsabilidad, pero no es una oportunidad para la explotación. También no es una posición para engrandecimiento adicional del líder. El estilo de liderato de la mayoría de los hombres es hacer ver al líder tan bien que la gente le siga. Sí, es cierto que necesitamos a un líder y que la gente necesita a un líder que ellos puedan respetar, pero el estilo de liderato del Mesías es basado en sustancia real – no la charlatanería de un resumé. El equivalente de hoy a las filacterias ensanchadas y la extensión de los flecos son las credenciales educacionales y los certificados de ordenación. Los resultantes títulos de Doctor, Rabino y Pastor le garantizará dos cosas. Sí, usted se meterá en problemas si usted lo cuestiona y No, él no le ayudará a sacar la basura afuera.

Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Mesías, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Mesías.
Mateo 23:6-10

Este pasaje no dice que no hay Rabinos, maestros, padres o líderes aquí en la tierra. Hay muchos títulos que reflejan el trabajo hecho por muchos hermanos. Tomen como ejemplo el sujeto quien hace el trabajo de plomería llamado “Juan”. Cuando él va a trabajar, el usa una camisa azul con su nombre “Juan” cocido en el lado derecho sobre su corazón. Él es un plomero. Pero él no es un plomero porque tiene una camisa azul con su nombre en ella. Él es un plomero porque él va a su casa y arregla como experto la gotera que tiene su llave de agua, reemplaza el calentador de agua y crea una nueva línea de agua.

Pero, ¿Qué pensaría usted si Juan le insiste que usted lo llame “el Plomero Juan”? ¿Qué pasaría si todo el mundo hiciera eso? ¿Qué pasaría si a todo el mundo se le tuviera que llamar por el título? Carpintero Mike, Capitán Bill, Primera Base Bob y Basurero Don. ¿Por qué ellos insisten en que se les dirija a ellos con sus títulos de trabajo antes de decir sus nombres? ¿Están ellos tan inseguros en su demanda por el respeto humano? ¿No sería tonto?

Ahora, no me malinterpreten. Yo creo que honor debe ser rendido a quien honor merece. Yo pienso que está bien si alguien quiere honrar a otra persona por su buen trabajo, una vez que el trabajo ya está hecho. Pero pienso que el título de por sí, particularmente para ganar el respeto de otros, es exactamente a lo que el Mesías se estaba refiriendo aquí.

Llamemos a alguien Maestro porque ellos realizan la enseñanza bien. Llamemos a alguien Rabino porque ellos se han mostrado a sí mismos bien en la enseñanza de la Palabra de Dios. Llamemos a alguien Líder después que ellos han guiado a otros bien. Utilicemos los títulos con precisión para reflejar lo que la persona hace, y no para demandar respeto. Recordemos que todos somos hermanos bajo el mismo Dios Todopoderoso.

El utilizar títulos como estos en una congregación de hermanos, particularmente por un líder, es el primer paso de muchos en “señorear sobre” el hermano. El Mesías es el Señor y aún Él no “señorea sobre” nosotros.

El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Mateo 23:11-12

Este es el elemento que define el estilo de liderato del Mesías. Él era un siervo y se humillaba a Sí mismo por nuestro propio beneficio. Al mismo tiempo, Él era el Mesías.

En contraste, tenemos muchos líderes del rebaño del Mesías que hacen lo opuesto que el Mesías. Ellos prefieren el estilo de liderato del mundo. Ellos creen que el camino al buen liderato es promover y bendecir al líder. Esto incluye tales cosas externas como: Él debe lucir atractivo. Debe tener un buen título y todo el mundo debe saberlo. Debe demandar gran respeto y apoyo. El debe vestir de forma especial de manera que otros puedan distinguirlo fácilmente en el medio de la multitud. Y él nunca debe hacer nada mundano que la gente normal hace diariamente, así como botar la basura.

Contraste del Mesías. Él nunca se promovió a Sí mismo; Él promovió a su Padre. Él escogió la humildad por encima del orgullo. Él caminó hacia la gente para ministrar y sanar. Él estaba escondido entre la gente, conocido primeramente por el contenido de Su palabra y Sus obras efectivas. Y, Él es conocido por sacar la basura (nuestros pecados) fuera de nuestras vidas.

El estilo de liderato del Mesías es basado en la humildad (no buscando títulos) y servicio (obras). Sin embargo, hay un par de asuntos prácticos y específicos que también marcan Su estilo.
Destrezas para Ejercitar Buen Juicio y Toma de Decisión

Si usted examina la instrucción de Pablo para los ancianos y diáconos, usted encontrará una línea común de sabiduría. Considere los siguientes rasgos que son esenciales para el trabajo del siervo vigilante de la congregación.

Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo. Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles. Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Mesías Yeshúa.
I Timoteo 3:1-13

¿Notó usted el factor común en los rasgos del liderato listados arriba? ¿Notó que todo tiene que ver con la habilidad de hacer buen juicio y decisión sin tener preferencias personales? El rasgo que sobresale de los demás es cómo él dirige su propia casa. Si usted no puede manejar su propio hogar bien, ¿Cómo manejará a la familia de Dios?

El Título Personal que usted Sí quiere perseguir.

Esperen, pensé que no se debían perseguir títulos, que ellos son descripciones del trabajo que hacemos. Sí, eso es cierto. Pero existe un título que todos queremos perseguir, y todavía no es uno que usted escucha muy a menudo hoy. El siervo de Yeshúa el Mesías.

Pablo, Juan, Pedro, Santiago, etc. Todos se referían a ELLOS MISMOS como los Siervos de Yeshúa. Ellos eran llamados apóstoles por otros. Usted no necesita perseguir el título de Rabino, Pastor, Anciano o cualquier otra cosa. Otros pueden llamarlo así después que usted hace el trabajo. Usted debe perseguir el ser un siervo atado por el amor a Dios y dejar que Él lo exalte en Su tiempo.

Si usted es un Rabino o Pastor Mesiánico leyendo este artículo, y alguien le dio este artículo, déjeme hablar con usted personalmente. Primero, ellos están tratando de ayudarle y no herirlo. No continúe siguiendo el estilo de liderato del mundo. Busque del Mesías para saber cómo dirigir a Su rebaño y hacer Su trabajo. Él es su mejor ejemplo. Mire a su alrededor. Considere la posición de aquellos quienes piensan que están haciendo tan bien y cumpliendo tanto al elevarse y promoverse a sí mismos en la fe. Recuerde las palabras del Mesías.

Cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
Mateo 6:5
Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
Lucas 18:14

La humildad es la puerta de entrada hacia el reino. El Mesías ha abierto la puerta para que nosotros pasemos. El liderato es caminar por esa puerta y enseñarle a otros para que pasen.