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06 September 2008 | 6 Elul 5768 | Shoftim

La Oración del Pecador / Vol 11 No 4

Es una simple oración, de sólo tres partes. “Oh, Señor, por favor, perdona mis pecados. Por favor, entra en mi vida. Por favor, dame el regalo de la vida eterna.”

Para muchos, esta oración fue el punto de cambio de sus vidas. Es aquí cuando aceptaron al Señor en sus vidas. Ellos dijeron esta sencilla oración porque ellos fueron confrontados con la bondad y misericordia de Dios. Esa bondad era contrastada con sus pecados y ellos se humillaron a sí mismos ante el Señor. Por esto esta simple oración es a menudo llamada “La Oración del Pecador. ”

Si usted es como la mayoría de los creyentes, usted recordará haber ofrecido esta oración como el resultado de un encuentro personal con el Señor. Esto pudo haber sido en una iglesia cuando se hizo un llamado al altar, pudo haber sido con un amigo que se sentó con usted y le pidió que aceptara al Señor, o puede ser que usted haya tenido un evento en específico en su vida que lo llevo a ese momento. Independientemente de las circunstancias, todos los creyentes comparten esta oración, o una versión de esta oración como su base para convertirse a y aceptar al Señor.

Mientras muchos de nosotros compartimos este punto de conversión, déjenme hacerles una pregunta más básica. ¿En dónde se encuentra esta oración o patrón de oración en la Biblia? ¿En dónde en la Biblia dice que Dios escucha esta oración, hace su lugar de habitación con esta persona, garantiza el regalo de vida eterna y el privilegio de vivir con Él?

Déjenme ahorrarles algo de tiempo. Usted no encontrará esto en el Nuevo Testamento.

Por favor, no me malinterpreten. No estoy sugiriendo que el Señor no escucha esta oración, o de que nuestro testimonio en común no es cierto. Lo que estoy diciendo es que la base, la autoridad y la promesa de esta oración viene de otro sitio diferente al Nuevo Testamento. Estoy diciendo que viene de la Torá, de donde se origina toda verdad de las Escrituras.

Estoy seguro de que recuerdan los eventos en el desierto cuando los hijos de Israel pecaron en contra del Señor al hacer el becerro de oro. Dios había llevado a Israel fuera de Egipto y los dirigió a la montaña. Dios dio los Diez Mandamientos, pero el pueblo tenía miedo de Su voz. Ellos enviaron a Moisés montaña arriba para que recibiera el resto de las instrucciones de Dios. Ellos no llegaron a los cuarenta días cuando olvidaron al Señor. Fue un pequeño grupo el que pidió el becerro de oro para adorarlo, pero fueron capaces de traer juicio sobre todo Israel.

Cuando Moisés bajó de la montaña, él tiró las tablas y las hizo pedazos. Los levitas se unieron a Moisés, y tres mil hijos de Israel fueron muertos en sus manos. Aquellos que adoraron al becerro de oro perecieron. Pero algo más sucedió que no mucha gente recuerda. Dios removió Su presencia del campamento, separándose a Sí mismo de todos ellos.

Cada vez que Moisés o los hijos de Israel tenían que resolver un asunto con Dios, a ellos se les requería que salieran fuera del campamento y fueran al tabernáculo de reunión, porque el Señor había declarado que Él no estaría más en medio de ellos.

“Yahvé dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo (a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino.”
Éxodos 33:1-3

Ellos todavía tenían la promesa de la tierra, una garantía hecha a sus padres, pero el Señor los tenía por rebeldes. Obviamente los hijos de Israel fueron humillados y voluntariamente removieron todos los ornamentos de su apariencia exterior. Moisés iría al tabernáculo de reunión fuera del campamento y cada hombre permanecería a la entrada de de su tienda hasta que Moisés regresara.

Finalmente, Moisés no lo pudo soportar más. No sabemos exactamente cuánto tiempo esta situación duró, pero Moisés apeló a Dios de esta manera:

“Y dijo Moisés a Yahvé: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos. Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo.”
Éxodos 33:12-13

Moisés relató al Señor su propia relación con Él. Moisés le pidió a Dios que le mostrara Su gracia para que él pudiera conocer al Señor y Sus caminos. También le pidió al Señor que considerara al resto de Israel así como a él mismo.

Siguiendo a esta petición de Moisés, existe una de las conversaciones más intrigantes entre Dios y la humanidad en la Biblia.

“Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?”
Éxodos 33:14-16

En el texto Hebreo, la palabra “contigo” no está presente. Por lo tanto el texto Hebreo solamente dice “Mi presencia irá y te daré descanso”. Moisés le responde: “Tu presencia no va, no nos saques de aquí.” Aparentemente, los traductores sintieron la necesidad de insertar la palabra “contigo” para ayudarnos a comprender el significado, pero yo no estoy de acuerdo con la primera inserción. Yo creo que el Señor dijo que Él dejaría a los hijos de Israel proceder a la tierra prometida, pero sin Su presencia. Sin embargo, Moisés declaró que la presencia de Dios era lo único que era de valor.

Una vez escuché a una viuda decir después de haber recibido una gran suma de seguro de vida, de que eso no valía nada para ella. Su marido no estaba allí para disfrutarlo con ella. Lo mismo fue dicho por Moisés. Si Dios no iba a estar con ellos, entonces ¿de qué valía la tierra prometida? Era mejor que ellos se quedaran vagando en el desierto.

Examinemos por un momento cómo Moisés describe el valor de la presencia de Dios. “¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?” En días recientes, algunos líderes dentro del movimiento Mesiánico han declarado que los Judíos Mesiánicos tienen un llamado único en el Señor y deben ser distinguibles como creyentes por el diseño de Dios. Parte de esa declaración está basada en esta declaración hecha por Moisés. Ellos utilizan esta declaración para separarse a ellos mismos de los hermanos no Judíos en el nuevo pacto.

Esta separación toma la forma de declarar membresía asociada en vez de membresía completa dentro de sus organizaciones, por qué la Torá no debe ser enseñada a todas las personas (es para Judíos solamente), y por qué la enseñanza de las Dos Casas es una herejía (sólo los Judíos son Israel hoy). Me gustaría aclarar mi posición como creyente Judío en los aspectos distinguibles de nuestro llamado Judío.

Es cierto que Dios quiere que los creyentes Judíos sean distintos y separados. Él también quiere a todos Sus hijos que sean tan distintos y separados. Nuestra distinción debe ser establecida en Él, no en cultura y en tradición. Nuestra separación debe ser del mundo incrédulo y de otros dioses, no unos de otros. De hecho, la Torá declara específicamente que está prohibido mostrar distinción entre el nativo y extranjero cuando ambos están confiando en el Señor. El extranjero debe ser considerado como si fuera nativo (de la casa) nacido en el campamento de los justos. La pared de partición no es aceptable por el Señor. Ésta fue derrumbada por el trabajo redentor del Mesías.

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,”
Efesios 2:14

Los sacrificios y oraciones de los no Judíos son tan aceptables como aquellos del creyente Judío. Isaías lo dijo de esta manera y Yeshúa citó estas mismas palabras.

“Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Yahvé para servirle, y que amen el nombre de Yahvé para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos. Dice Yahvé el Señor, el que reúne a los dispersos de Israel: Aún juntaré sobre él a sus congregados.”
Isaías 56:6-8

Les recordaré a todos que cuando Moisés estaba hablando de Israel en sus días, Israel era una multitud mixta de nacidos nativos con extranjeros, extraños y residentes, quienes se habían unido a sí mismos en el nombre del Señor. Por lo tanto su declaración de distinción incluía a todas las tribus de Israel, no tan sólo la casa de Judá y a los extranjeros y residentes que estaban con ellos.

El Señor respondió a la petición de Moisés de que la presencia de Dios permaneciera en el campamento.

“Y Yahvé dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.”
Éxodos 33:17

¡Pero Moisés va aún más allá con su petición!

“El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.”
Éxodos 33:18

Lo que sigue no le queda corto a lo espectacular. El escenario queda preparado para el segundo grupo de tablas.

“Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Yahvé delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Yahvé: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.”
Éxodos 33:19-23

La definición de ver la Gloria de Dios es la de estar en Su presencia, y de escuchar el nombre del Señor ser proclamado. Dios hizo esto por Moisés, pero había una condición. Moisés sería colocado en una roca que estaba al lado de Dios. Él fue colocado dentro de la hendidura de la roca en donde la roca estaba rota. Desde este balcón, Moisés vería la gloria de Dios, pero no el rostro de Dios.

Si usted ya conoce a Dios, entonces usted puede ver la escena de cada uno de nosotros viniendo a conocer al Señor. Nosotros, también, sabemos acerca de la roca al lado de Dios, aquella llamada la Roca de la Salvación. Sabemos que la Roca tiene una parte rota y de que nosotros estamos escondidos en la hendidura (la parte rota) de la Roca de la Salvación. Yeshúa es la Roca de la Salvación. Él es el balcón por el cual podemos ver la gloria de Dios por igual.

“Y Yahvé dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte. Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte. Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Yahvé, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.”
Éxodos 34:1-4

Se le instruyó a Moisés de que fuera con sus propias tablas. A nosotros también se nos instruye que traigamos las dos tablas de nuestro corazón cuando vamos al Señor.

“Y Yahvé descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Yahvé.”
Éxodos 34:5

Ahí estaba Moisés en el tope de la montaña, en la hendidura de la roca, proclamando el nombre del Señor. No importa la circunstancia, cada uno de nosotros tiene un testimonio similar. Para mí, fue a la edad de 12 años, la noche después de ver la película “Los Diez Mandamientos” por primera vez. Yo me acosté en mi cama llorando y proclamando el nombre del Señor para que me perdonara y me salvara. Yo sabía que era Hebreo y que tenía un nombre Judío porque mi padre me lo había dicho. Yo era un hijo primogénito. Pero al ver la historia, fue la primera vez que la herencia significó algo para mí. La historia de la Pascua y el éxodo era la historia sobre mí y mis ancestros.

“Y pasando Yahvé por delante de él, proclamó: !Yahvé! !!Yahvé! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.”
Éxodos 34:6-7

Este es uno de los pocos lugares en la Biblia en donde Dios describe a Dios. La teología es el estudio de Dios. Estos dos versos es el estudio teológico de Dios. Los sabios de Israel han llegado a la conclusión de que hay trece atributos de Dios que son descritos aquí. Ellos son llamados los trece atributos de la misericordia de Dios.

Permítanme resumirles la lista de los trece.

  • Yahvé (misericordia para el justo)
  • Yahvé (misericordia para aquellos quienes han sido juzgados)
  • Dios (misericordia para aquellos que se arrepienten)
  • piadoso
  • clemente
  • tardo para la ira
  • abundante en bondad
  • abundante en verdad
  • guarda la bondad para miles
  • perdona la iniquidad
  • perdona la transgresión
  • perdona el pecado
  • la culpa no queda sin ser castigada
  • Los primeros tres atributos se encuentran dentro de las palabras “Yahvé, Yahvé Dios”. A mí siempre me ha fascinado la sabiduría de los sabios quienes ven esto y, a la misma vez, insisten que el Señor nuestro Dios es Uno absoluto. Yo creo que el Señor se ha expresado a Sí mismo como Uno Unificado (partes que forman una unidad). Este pasaje y las enseñanzas de los sabios apoyan el punto de vista de la Unificación.

    Hay mucho más que se puede decir de estos dos versos, pero quiero que noten que la gracia y el perdón son conceptos que no son exclusivos del Nuevo Testamento. La descripción que Dios hace de Sí mismo comienza con la misericordia, pero incluye gracia seguido por el perdón. Esto parece estar en contraste a las palabras del Apóstol Juan.

    “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.”
    Juan 1:17

    Juan no está diciendo que la gracia y la verdad vinieron primero a través del Mesías en el Nuevo Testamento. El no está contrastando a Yeshúa con Moisés. Él está diciendo que la gracia y la verdad dadas en la Torá fueron enfatizadas y hechas visibles (realizadas) por Yeshúa. La gracia y la verdad estuvieron primero en la Ley de Moisés. Este punto es particularmente cierto mientras consideramos la Oración del Pecador. Si usted lo nota, la Oración del Pecador es una respuesta natural a los 13 atributos de Dios.

    Pero los Escribas han colocado un bien poderoso elemento en este pasaje de la escritura para llamar especial atención a esto. En el noveno atributo, “guarda (preserva) bondad”, tiene una nun engrandecida en el texto Hebreo. La letra nun significa lo rápido de la vida. Pero una nun engrandecida significa la abundancia de esa vida. El Mesías dijo que Él había venido para darnos vida y vida en abundancia (Juan 10:10). Este es el significado de la letra nun engrandecida. Yeshúa era el hijo prometido de Dios. El atributo de guardar bondad significa que Dios guarda Sus promesas hechas a los Padres. El recuerda a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob y ellos reciben las mismas bendiciones y herencia del Señor. Yeshúa es la Vida. No solamente Yeshúa dice eso de Él mismo, sino que el Apóstol Juan resume el registro bíblico al decir esto:

    “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”
    1 Juan 5:11-12

    Moisés respondió a la descripción que Dios hizo de Sí mismo haciendo lo que toda persona hace al ser confrontado con la gloria de Dios. Él se postró en el piso.

    “Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró.”
    Éxodos 34:8

    En este estado de humillación, en la hendidura de la roca con la presencia de Dios, Moisés hace la Oración del Pecador por él mismo y por todo Israel.

    “Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.”
    Éxodos 34:9

    En su forma más sencilla, Moisés está pidiendo que regrese al campamento, que perdone sus pecados y que cause que Israel viva delante del Señor. Cuando le pedimos al Señor que venga a nuestras vidas, que perdone nuestros pecados y que nos de el regalo de la vida eterna, estamos haciendo la oración que hizo Moisés en la hendidura de la roca. Es la Oración del Pecador.

    Esta fue la oración a la cual Dios respondió.

    “Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Yahvé; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo.”
    Éxodos 34:10

    Este fue el pacto que Dios hizo con Israel cuando el los llevó fuera de Egipto. Este es el pacto hecho con la Torá (la enseñanza de Moisés) con Sus mandamientos. La Torá y el pacto con Israel es el resultado de aceptar al Señor (la presencia de Dios se une a ellos en el campamento), siendo perdonados por sus pecados, y recibiendo el regalo de vida (la herencia del Señor).

    Con eso cumplido y en lugar, Dios da instrucciones para seguir su dirección hacia la tierra y de no hacer más ídolos.

    “Guarda lo que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de delante de tu presencia al amorreo, al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. No te harás dioses de fundición.”
    Éxodos 34:11, 17

    Él les ordena que guarden la Pascua, el Festival de Panes sin Levadura y la redención del primogénito.

    “La fiesta de los panes sin levadura guardarás; siete días comerás pan sin levadura, según te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto. Todo primer nacido, mío es; y de tu ganado todo primogénito de vaca o de oveja, que sea macho. Pero redimirás con cordero el primogénito del asno; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. Redimirás todo primogénito de tus hijos; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.”
    Éxodos 34:18-20

    Él les ordena que guarden el Sabat.

    “Seis días trabajarás, mas en el séptimo día descansarás; aun en la arada y en la siega, descansarás.”
    Éxodos 34:21

    Él les ordena que guarden el Festival de las Semanas (los siete Sabats que le siguen a la Pascua) y el Festival del Recogido (Tiendas o Tabernáculos) cuando el año se torna al principio de otoño.

    “También celebrarás la fiesta de las semanas, la de las primicias de la siega del trigo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año.”
    Éxodos 34:22

    El Señor resume estas observaciones como los festivales de peregrinación de la Pascua, Panes sin Levaduras, la Fiesta de las Semanas y los Festivales de Tabernáculos (Primavera, Verano y Otoño).

    “Tres veces en el año se presentará todo varón tuyo delante de Yahvé el Señor, Dios de Israel.”
    Éxodos 34:23

    ¿Se cumple con esto para ser salvos? Por supuesto que no. La salvación fue mostrada al inclinarse en la Roca de Salvación, proclamando el nombre del Señor, aceptando al Señor, recibiendo perdón de pecados y al Señor darnos vida por su presencia. Este pacto con Dios fue entonces sellado por las dos tablas con los Diez Mandamientos.

    “Y Yahvé dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel. Y él estuvo allí con Yahvé cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.”
    Éxodos 34:27-28

    Cuando Dios dijo que haría pacto con Moisés e Israel, en verdad Él dijo que Él lo cortaría. Los traductores prefieren la palabra “hacer”, pero en verdad la palabra es “cortar”. Cuando Dios hizo pacto con Abraham, Él selló el pacto con el rito de la circuncisión (cortar la carne). Cuando Dios hizo el pacto con Israel, Él cortó la piedra y escribió los Diez Mandamientos.

    Ahora consideren el Nuevo Pacto. Ya hemos visto que cada uno de nosotros llevamos ante el Señor nuestro propio grupo de tablas (nuestro corazón). Entendemos que nos acercamos a Dios a través del trabajo de la Roca de nuestra Salvación (Yeshúa el Mesías). Vemos la gracia y el perdón de Dios por el sacrificio de Yeshúa. Nos humillamos a nosotros mismos y hacemos la Oración del Pecador. Entonces Dios hace un Nuevo Pacto con nosotros al cortar los Diez Mandamientos en nuestro corazón. Esto es lo que expresa Jeremías cuando el predijo lo del Nuevo Pacto.

    “He aquí que vienen días, dice Yahvé, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Yahvé. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Yahvé: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”
    Jeremías 31:31-33

    La única diferencia entre el pacto hecho en Éxodo 34 y el pacto hablado por Jeremías es la localización escrita de los Diez Mandamientos. La diferencia no es en el contenido de los Diez Mandamientos. En vez de cortar en tablas de piedra, el Nuevo Pacto es cortado en las tablas del corazón. Esta acción de cortar para hacer un pacto es como el rito de la circuncisión que fue hecho en la carne con Abraham y sus descendientes. ¡Aquí viene lo increíble! Haciendo una explicación del Nuevo Pacto, Pablo dice que el cortar del corazón incluye ambos, los mandamientos de Dios (Yeshúa es Dios) y la circuncisión.

    “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”
    Colosenses 2:8-14

    Moisés sabía que había hallado gracia delante de Dios, pero él quería conocer a Dios y saber Sus caminos. Este también es el propósito de de el Nuevo Pacto – el conocer al Señor.

    “Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Yahvé; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Yahvé; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”
    Jeremías 31:34

    Cuando Moisés bajó de la montaña con el nuevo grupo de tablas, su cara resplandecía brillantemente. Había un cambio visible en su apariencia.

    “Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él.”
    Éxodos 34:29-30

    Lo mismo es cierto con un creyente del Nuevo Pacto al recibir al Señor. Hay un cambio visible en la vida de la persona. Sus amigos y amistades notarán que él o ella es una persona diferente. Esta es la evidencia, como Moisés, de venir a términos con la gloria de Dios y la aceptación de la presencia de Dios. Habrá otras evidencias con el morar del Espíritu de Dios, incluyendo un nuevo corazón para obedecer los mandamientos de Dios.

    Regresemos a la sencillez de la Oración del Pecador. Hay instancias en donde las escrituras del Nuevo Testamento hablan de esto. Ustedes recordarán esta enseñanza de Yeshúa en el evangelio de Lucas.

    “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.”
    Lucas 18:9-14

    Quizás usted recuerde la Oración del Pecador al pie de la cruz. Yeshúa estaba en medio de dos hombres. Uno de ellos dijo la oración:

    “Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.”
    Lucas 23:42

    La palabra clave en la petición hecha por el ladrón era la palabra “acuérdate”. La palabra acuérdate puede significar el “traer a la memoria” o “retener alguna información”. Pero el significado Hebreo para acordarse es una acción basada y significa “hablar o actuar en nombre de alguien o algo”. El ladrón estaba pidiendo que la gracia y misericordia de Yeshúa actuara en su nombre. Él le estaba pidiendo a Yeshúa que perdonara sus pecados. Él le estaba pidiendo a Dios para que Su presencia estuviera en su vida. La respuesta de Yeshúa fue que le dio seguridad de que Su presencia estaría con él en el futuro.

    Moisés y Yeshúa no fueron los únicos en invocar la Oración del Pecador. Los profetas de Israel hicieron un llamado a Israel para que se reconciliaran con Dios de la misma manera.

    “Venid luego, dice Yahvé, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”
    Isaías 1:18
    “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahvé, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”
    Isaías 55:7
    “Y todo aquel que invocare el nombre de Yahvé será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Yahvé, y entre el remanente al cual él habrá llamado.”
    Joel 2:32

    Hay otros muchos más llamados al arrepentimiento y humillación a Dios, pero hablemos de otro asunto más práctico. Yo confío que como resultado de este artículo, usted se acordó de cuando usted le pidió a Dios que se acordara de usted. Si usted nunca ha dicho esta oración, si usted nunca ha inclinado su corazón al Señor, si nunca ha pedido por Su perdón, y nunca lo ha aceptado en su vida, le fomento a que lo haga. Es bien sencillo de hacer y usted encontrará que el Señor está lleno de misericordia. Él está lleno de compasión y Él tendrá gracia con usted. Él le perdonará sus pecados, transgresiones e iniquidades. Él hará un pacto con usted en las tablas de su corazón para que usted pueda caminar en rectitud delante de Él, obedeciéndole del corazón. Es como Moisés lo dijo.

    “Y circuncidará Yahvé tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Yahvé tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas. Y tú volverás, y oirás la voz de Yahvé, y pondrás por obra todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy. Y te hará Yahvé tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Yahvé volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, cuando obedecieres a la voz de Yahvé tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Yahvé tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.”
    Deuteronomio 30:6, 8-14

    La circuncisión del corazón es un concepto muy profundo enseñado en el Nuevo Testamento. Quizás es por esta razón que el Apóstol Pablo citó este pasaje de la Torá y del Salmista cuando dijo esto:

    “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.”
    Romanos 10:8-11
    “Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados.”
    Salmos 22:5

    La Oración del Pecador es una instrucción de la Torá; su cumplimiento está en la promesa del Mesías. Usted no quedará desilusionado con los resultados.

    La Torá nos enseña que la fe es creer en las promesas de Dios; la fe es contada como justicia; la justicia besó la justicia; la justicia demanda sacrificio; y con el sacrificio viene la salvación. Yeshúa nos demostró que Él es el Hijo Prometido. Si usted cree en la promesa, entonces usted tiene fe. Cuando eso se une con la gracia de Dios, usted tiene vida.

    “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”
    Efesios 2:8

    PD.: Muchas gracias a los que han mostrado interés en ayudar con la obra de traducir el YAVOH. Toda su ayuda es apreciada. Correcciones y aclaraciones mandadas a estas oficinas serán tomadas en consideración y, en veces, publicadas al final del próximo artículo. Traducido por: Maria E. Figueroa