Lecciones de la Vida / Vol 6 No 7
- Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestro ojos.
- Números 11:4-6
- Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias, cada uno a la puerta de su tienda; y la ira de Jehová se encendió en gran manera; también le pareció mal a Moisés. Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mi? ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres? ¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mi, diciendo: Danos carne que comamos.
- Números 11:10-13
- Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de a pie es el pueblo en medio del cual yo estoy: ¡y tú dices: Les daré carne, y comerán un mes entero! ¿Se degollarán para ellos ovejas y bueyes que les basten? ¿o se juntarán para ellos todos los peces del mar para que tengan abasto? Entonces Jehová respondió a Moisés: ¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová? Ahora verás si se cumple mi palabra, o no.
- Números 11:21-23
- Y vino un viento de Jehová, y trajo codornices del mar, y las dejo sobre el campamento, un día de camino a un lado, y un día de camino al otro, alrededor del campamento, y casi dos codos sobre la faz de la tierra. Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogieron codornices; el que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí a lo largo alrededor del campamento. Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese masticada, cuando la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande. Y llamó el nombre de aquel lugar Kibrot-hataava, por cuanto allá sepultaron al pueblo codicioso.
- Números 11:31-34
Un padre habla a sus dos hijos y les da dirección e instrucción. El primer hijo es obediente en su corazón, deseando hacer lo mejor. Él aprecia las palabras de su padre como instrucción y entrenamiento, una oportunidad de hacer bien y agradecer a su padre. Por la otra mano, el segundo hijo es desobediente en su corazón y quiere evitar cualesquier requisito, desea hacer su propia voluntad y procura evitar obligaciones y responsabilidades dadas por su padre. Éste considera que las palabras de su padre son mandamientos, ordenanzas, estatutos y ley. Simplemente dicho, ellas son cosas que tienen que hacer. Él cree que no hay nada que aprender o de que beneficiar en guardarlas. El hijo desobediente menosprecia las palabras de su padre y continuamente busca como evitar y esquivar su influencia. Por la otra mano, el hijo obediente se goza en escudriñar la enseñanza del padre. La lección es sencilla: para algunos, Torá, la palabra de nuestro Padre Celestial quiere decir ley. A otros, Tora quiere decir enseñanza. La mayoría de los traductores del Nuevo Testamento y líderes de la iglesia no creen que usted debe de obedecer Torá. Por eso, la llaman Ley. Mas a los que aman al Señor con todo su corazón, alma y fuerza es enseñanza. Como dijo David en el Salmo 19, Tu palabra es más dulce que [la] miel. . . que destila del panal.
Esta es solamente una de las Lecciones de la Vida. Hay, por supuesto, muchas más. No todas las lecciones de la vida vienen de Torá exclusivamente. El libro de Proverbios, por ejemplo, es un compendio de muchas lecciones sacadas de experiencias reales de la vida. Cada una de estas enseñanzas y joyas de sabiduría enriquecen y esfuerzan nuestra persona espiritual. Pero el libro de los Proverbios no es la última palabra en cuanto a estas lecciones. Solamente es el principio, un punto de partir. Sabiduría, conocimiento y entendimiento se extienden hasta el mismo cielo. Perseguir tal sabiduría es en sí perseguir a Dios mismo. En mi jornada personal, he pasado por algunas de estas lecciones. Pensé compartir unas con ustedes. La primera, de Torá, es una lección práctica, y muy significante.
La diferencia entre querer y necesitar.
La capacidad de discernir entre querer y necesitar, (encargarse de sus necesidades primeramente y decir No a sus deseos), es verdaderamente un acto de madurez y sabiduría. En el ambiente espiritual esta [capacidad] es esencial para el desarrollo en una disciplina. Vamos a asegurar que tenemos una definición clara entre los dos, antes de ilustrar la lección. Deseos son concupiscencias. Concupiscencias tienen que ver con apetitos. Usted puede codiciar comida, sexo, o poder en la vida (orgullo). En sí no hay nada malo en comida, sexo y la motivación de salir ganando. Es cuando estos apetitos toman prioridad sobre las necesidades de la vida que deseos (concupiscencias) causan su daño. Necesidades son sencillas. Cada uno necesitamos agua, comida, techo, amor, cuidado, y un montón de cosas para trabajar prósperamente. Necesidades han de tomar prioridad sobre deseos. Se puede vivir sin deseos; pero necesidades diminuyen vida si estas no son satisfechas.
El segundo punto que necesitamos entender, y esto es esencial a la madurez espiritual, es que Dios se ocupa en suplir necesidades no deseos. Se puede suplir necesidades, pero deseos nunca serán satisfechos. Dios satisfará sus necesidades, pero aun Dios sabe que deseos nunca pueden ser satisfechos. Deseos y concupiscencias son como el fuego. No importa cuanta leña se le echa al fuego, el fuego lo puede. El incendio nunca dirá que con un leño más y será todo lo que quiere. Simplemente puesto, siempre quiere más. Concupiscencias son como incendios del alma. Y el incendio siempre quiere más. Tampoco los ojos pueden ser satisfechos. Una vez que miran algo, siempre quieren ver más. Por eso pornografía es tan popular. La mezcla de deseos sexuales y los ojos es una combinación poderosa. La industria de anunciar sabe que sexo todo lo vende, desde carros hasta pasta dental. Está estimulando en nosotros nuestros mismos deseos por medio de lo que vemos. Y esto no está limitado a sexo exclusivamente. Puede involucrar comida o gustos. Consideran los anuncios para promover la venta de hamburguesas. Representadas son personas con grandes ego, aceptables en su generación. De la misma manera la industria de modas intenta anticipar los últimos modelos cada vuelta de la rueda presentando lo más sensual y moderno. Todos estos deseos aumentan gratificaciones y deseos personales.
Todos nosotros hemos visto numerosos ejemplos en personas que no pueden decir No a sus deseos para comida, sexo, drogas, avaricia, dinero o poder. Algunos usan el término clínica: adicción para describir su comportamiento extremoso. En extremo o en moderación, ser motivado por deseos, apetitos y concupiscencias es la receta segura para desastre en la vida personal. Las necesidades de individuos, y de las familias involucradas, sufrirán cuando deseos reciben tratamiento de prioridad.
Madurez se logra por medio de un balance correcto entre deseos y necesidades. Una persona madura mantendrá balance y vivirá pacientemente con sus deseos y enfocará sus esfuerzos en satisfacer primeramente las necesidades. Me di cuenta de una prueba dada a ciertos niños que entraron a la escuela por primera vez. [La prueba] pronostica el éxito que tendrá cada estudiante dentro del sistema escolar. Cada niño(a) sentando en su silla escolar tiene colocado ante él, en su escritorio, un bombón. El maestro explica que si el niño espera y no come el bombón, mientras el maestro sale del salón, recibirá otro bombón. Sin embargo, si el niño come el bombón antes que el maestro regrese, no recibirá el segundo [bombón]. Los niños que esperan, generalmente responden mejor dentro del sistema educativo. Los que no pueden decir No a la gratificación instantánea, progresan más despacio durante los años de su educación completa. Creo que todos estamos participando en la prueba de bombones con respecto a nuestras vidas mortales y un futuro galardón celestial.
Otra trampa se presenta cuando personas empiezan a mezclar sus derechos con sus deseos. Por eso quiero decir que algunas personas se convencen que merecen tratamiento especial, y que sus antojos han de ser cumplidos para comprobar su valor. La Biblia se refiere a este juego de derechos como vanidad. Vanidad conducirá a una persona normal y balanceada a perseguir una serie de quereres como que su vida entera dependía en obtenerla. Consideran la vanidad de maquillaje facial, vestuario femenino, y decoro hogareño. Por el lado masculino, consideran ego, machismo, y el tamaño de sus juguetes. Salomón dijo, . . .todo es vanidad.
A veces confusión entre deseos sobre necesidades, viene como un resultado de perjuicio o de haber sido víctima. Estas personas, quienes han sufrido sin que sus necesidades hayan sido cumplidas, guardan sus bienes con avaricia o se atienen a cosas que claramente no necesitan. Sobrevivientes del Holocausto, quienes han sufrido por hambres, a veces almacenen más comida que jamás podían comer. Esto se entiende muy bien. Pero ¿cómo se puede explicar una colección o un pasatiempo que se procura y mantiene hasta el punto que necesidades sufren pérdida? Si usted pide una explicación sobre estos deseos, encontrará a una persona racionalizando su comportamiento. Justificará sus deseos al igual que sus necesidades. Esto puede conducirse a un comportamiento obsesivo/compulsivo.
El apóstol Santiago dice que las peticiones para gastar en nuestros deleites no son contestadas por Dios; y que estas concupiscencias producen pecado, combates y guerras. Pero si se trata de una necesidad, Dios dice, Pide y recibirás.
La cuestión de deseos y necesidades es atendida en particular en Torá. El libro de Números nos lo ilustra en el escenario que ocurre inmediatamente después que los hijos de Israel se retiran del Monte Sinaí junto con el Tabernáculo. Habían experimentado la voz de Dios, la provisión de maná, codornices, agua de la Roca, y el becerro de fundición. Luego hicieron una cosa devastadora . . . ¡Nosotros queremos carne! Así va la historia:
La plebe allá es como la plebe de hoy. Estas son personas motivadas por las concupiscencias de la vida y son incapaces de hacer lo razonable y correcto. A demás, estimulan a otros en su rededor a juntarse en procurar sus deseos. Tienen deseos inordenados. Tal vez, creen que comprenden a Dios. ¿No dice Él que Él mismo nos da favor (gracia)? ¿No dice Él, Pide y recibirás? ¿Por qué no le pedimos lo que no merecemos y pedirle también lo que queremos? Lo trataremos como a un gran Santa Claus, o un mágico embotellado o a un apapachador. ¿No tenemos a predicadores hoy día diciéndonos que Dios quiere que todos seamos ricos? ¿No nos dicen que les demos a ellos y Dios dará riquezas al dador?
Tal vez no es que la mayoría creen que pueden demandarle a Dios, pero sí suponen que Dios les va a dar de escoger hasta lo último. Al paladar (apetito) de Israel le gustaba la variedad de pescado, pepinos, puerros, cebollas y el ajo que obtenían en Egipto. Maná de por sí, excluía toda posibilidad de escoger. ¿Qué significancia tuvo el rechazo de Israel del maná de Dios?
Los hijos de Israel estaban diciendo que la comida de esclavitud era mejor que el pan de libertad.
Estaban diciendo que sus deseos (apetitos) fueron más importantes que sus necesidades: libertad y vida. Estaban diciendo que querían rehusar la comida de Dios. Siguieron rehusando Su salvación, liberación, presencia y tierra. Esto es el por qué esa generación pasó cuarenta años en el desierto.
Varios años a tras cuando estuve estudiando esta lección. Le pregunté al Señor acerca de los puerros. Sabía de que se trataban los pepinos, la cebolla y el ajo; pero ¿qué eran puerros? Entonces, para comprender completamente esta lección, salí a comprar unos puerros. Hice un caldo de puerros y papas, usando una receta. Puerros son como una cebolla delicada en forma de apio. ¡Fue bien delicioso! Ahora preparo este caldo especial para mis invitados. Cuando lo sirvo, relato esta historia. Puedo comprender por que a los hijos de Israel les gustaba mucho; pero no lo considero mejor que libertad. La historia de Torá, a demás, explica las respuestas de Dios y de Moisés.
¿Pueden imaginar al pueblo llorando porque quiere comer la comida de esclavos? Los sabios de Israel tratan de presentarlo en la manera más favorable que pueden. Algunos argumentan que aun cuando habían sido físicamente liberados, emocionalmente y mentalmente todavía eran esclavos.
Parte de eso pueda ser verdad. Es verdad que no habían recibido Torá completamente; así que, sus mentes todavía fueron cautivas y seguían los caminos de esclavitud. El capataz siempre te dará algunos de tus deseos y te mantendrá encadenado en esta forma. Dios no es un mayordomo jugando un juego de sumisión y control. Dios está en pro de libertad; y libertad quiere decir que personas tienen que ser responsables por su comportamiento dentro de una estructura de leyes. Libertad no es libertinaje para todos; libertad se basa en verdad. Y verdad sale de Dios y los caminos de Dios.
La razón por el enojo de Dios no es comprendido por muchos, pero Moisés expresa bien su incapacidad de satisfacer esta demanda. Moisés primeramente razona que él no es padre de cada uno y por eso no puede ser hecho responsable por todo lo que demanda [el pueblo]. En segundo lugar, dirige su atención al problema logística de dar de comer a todo el pueblo. ¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo?
Nos pararemos un momento para dirigirnos a esta pregunta fundamental. ¿La demanda de [comer] carne, es una necesidad o un deseo? Todo el mundo necesita comida para vivir. ¿Es ésta una demanda para la comida necesaria para sostener vida? ¿Han escuchado del pequeño proverbio, ¿Comes para vivir, o vives para comer? Aquí está claro que la demanda para carne no fue pedido para sostener vida. Ésta fue una demanda basada en deseo. Ésta es concupiscencia y avaricia en su apogeo. Éste es el comportamiento de esclavos estúpidos. Danos lo que queremos o haremos alboroto u otra cosa mala. Y quieran que Dios se porte como un Faraón pagano concediéndoles sus demandas. Consideran esto: Mientras le gritan a Moisés por carne, rebaños de ovejas rozan sus pies. Están cercas del Mar Rojo lleno de pescado. Si fueron razonables y pacientes en sus deseos, hubieron probado de carne de sus propios manos, pero sin refrenamiento ceden a concupiscencias que nunca pueden ser satisfechos. Cuando una persona llega a este nivel, están preparándose para una sobredosis de sus deseos.
Pero al pueblo dirás: Santificaos para mañana, y comeréis carne; porque habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera a comer carne! ¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará carne, y comeréis. No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días,
ni diez días, ni veinte días, sino hasta un mes entero, hasta que os salga por las narices, y la aborrezcáis, por cuanto menospreciasteis a Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto?
Si Ud. come de cualquier cosa hasta que le salga por las narices, puede decir claramente que Ud. ha tomado una sobredosis de esa comida. Sobredosis de drogas principalmente resulta en muerte a causa de la persona vomita mientras esté inconsciente y ahogándose. Años a tras, hubo una cantante nombrada Janis Joplin quien se burlaba de Dios en su música. Oraba en canto, ¡Oh, Dios, dame un Mercedes-Benz! Todo el mundo sabía que ella pedía inordenadamente en su concupiscencia. Una noche se emborrachó ella; se desmayó, se vomitó y se murió ahogado. Esta clase de avaricia escoge a Egipto y muerte. ¿Se ha preguntado por qué permite Dios que nos abusemos hasta tal punto? ¿Se ha preguntado porque Él no nos salva de nosotros mismos y nuestras concupiscencias? La forma en que Ud. contestó estas preguntas le dirá mucho acerca de su propia madurez espiritual.
Cuando yo era joven, fumar fue una actividad común entre adultos. Menores se complacían en
fumar en secreto. Yo conocía a un muchacho sorprendido en el acta de robar cigarros, y su padre
le curó de fumar por vida. El padre llevó a su hijo al garaje y le dio de fumar un paquete de cigarros dentro de una hora hasta que se enfermó el muchacho. El muchacho jamás fumó de vuelta, aun como adulto. Técnicamente se llama terapia de aversión. Es un método extremamente efectivo en dar enseñanza. También es muy desagradable.
Dios ha prometido suplir sus necesidades, pero no dará de comer a sus deseos. Usted y yo somos
responsables por nuestro comportamiento. Usted enseña las mismas lecciones a sus hijos. ¿No han visto a hijos apapachados? Estos son hijos a los cuales los padres cumplen con todos sus antojos. El niño llega a ser mimado y los padres se cansan y se frustran. No hay satisfacción en deseos. La respuesta aquí es de no hacer excepciones en complacer, sino a ser fiel en suplir las necesidades. Si los padres verdaderamente aman a sus hijos les ensenarán esta lección. Esto es lo que hizo Dios con los hijos de Israel. Se desviaron tan lejos del camino, que Dios usó sus mismas concupiscencias para juzgarlos.
Dios usó terapia de aversión con los hijos de Israel dándoles carne hasta que os salga por las narices por un mes. Ahora, Moisés tuvo curiosidad de saber como Dios supliría tal volumen para enseñar esta lección.
Se aproxima que los hijos de Israel numeraron 3.000.000 hasta este punto. Un ejercito de 600.000 hombres de 20 a 50 años de edad tendrían una familia aun más grande. ¿Pueden imaginarse la cantidad de comida necesario solamente para servir una sola comida? Más el Señor dijo que Él proveería carne para cada comida para un mes entero. Aun Moisés no podía comprender la gran volumen, y preguntó por los rebaños y el pescado del mar. Pero Dios dijo que Él se mostraría a Si Mismo en este asunto.
La cantidad más pequeña que recogió cada persona fue diez montones. ¿Cuánto es este montón?
Según un recurso de referencias, un montón fue una canasta grande llena, más la carga de un burro. Cada persona recogió diez tantos. ¡Cómo se hubiera visto! No sabemos exactamente cuantos murieron. Toda la área llegó a ser un panteón. Los muertos estaban tendidos por todo el extenso del campamento, al igual que las codornices. Kibrot-hataava quiere decir tumbas de los codiciosos.
La lección aquí es bastante sencilla. Si usted permite que sus concupiscencias, deseos y quereres
le dominen, entonces eventualmente usted agarrará una sobredosis y morirá. Esto le puede ocurrir a un individuo o a un grupo. Aprender esta lección determinará el futuro suyo. Es la diferencia entre ser un alcohólico, drogadicto, gordo en exceso, avero, perverso, homicida; y de ser normal, razonable, y sano. Esta no es una lección agradable, sino necesaria.
Hay bastantes otras lecciones para aprender. Muchas no provienen de Torá. Salen de las experiencias de la vida. Recientemente, encontré unos ejemplos, mientras usaba el internet. Estas historias se han intercambiado tantas veces que a menudo el autor original se ha perdido. Así es el caso en los ejemplos que siguen. No sé el nombre de los autores, pero hablan por sí mismos. Como el libro de Proverbios, podemos beneficiar de las experiencias de otros. Así que, ahí les va, con unas pocas de ediciones por mi parte.
Sabiendo el nombre de otra persona
Durante mi segundo año de educación, nuestro profesor nos dio un examen de sorpresa. Yo era un estudiante cuidadoso y contesté rápidamente todas las preguntas hasta llegar a la última: ¿Cómo se llama la mujer que hace la limpieza de la escuela? Seguramente esta fue una broma.
Había visto a la señora varias veces. Era alta, con pelo oscuro y tendría unos 50 años de edad; más ¿cómo podría saber su nombre? Entregué el examen, dejando en blanco el espacio, sin poder contestar esta última pregunta. Antes de que se terminara la hora, un estudiante preguntó si la última pregunta contaría en evaluar nuestra calificación. Absolutamente, dijo el profesor. En sus carreras encontrarán a muchas personas. Todos son significantes. Merecen su atención y cuidado, aun si todo lo que Ud. hace es sonreír y decir Hola. Nunca he olvidado la lección. También aprendí que su nombre era Dorothy.
Ayudando a una persona necesitada
Una noche, más o menos siendo las 11:30 d.m., una mujer África-Americana, de edad avanzada, estaba parada a un lado de la carretera en el estado de Alabama, tratando de protegerse de una lluvia azotadora. Su carro se le había quebrado, y desesperadamente necesitaba un levantón. Completamente mojada, pidió ayuda al próximo carro que se le acercaba, levantando su mano. Un joven de tez clara se paró a ayudarle, cosa indecible durante los años 1960, llenos de conflicto. Pero el hombre le llevó a un lugar seguro, le ayudó a encontrar a alguien que podía arreglar su carro, le consiguió un taxi. Parece que ella tenía un apuro muy grande. Escribió el domicilio del joven, le agradeció, y se fue. Siete días pasaron y alguien tocó la puerta de la casa del joven. Para su sorpresa, un televisor gigante de tocador fue entregado a su hogar. Una nota especial vino pegado. Muchísimas gracias por ayudarme cuando estuve en el camino la otra noche. La lluvia mojó mi ropa y también empapó mi espíritu. Entonces llegó usted. Por su ayuda, pude llegar a tiempo al lado de la camilla de mi esposo justo antes de que muriera. Dios le bendiga por ayudarme a mí y por servir a otros con tanto amor. Sinceramente, Mrs. Nat King Cole.
Recordando a los que le sirven
En los días cuando una nieve valía mucho menos, un niño de diez años, entró a la cafetería de un hotel y tomó un asiento. Una mesera puso un vaso de agua en la mesa delante de el. ¿Cuánto vale una nieve? Cincuenta centavos, contestó la mesera. El niño sacó su mano de su bolsillo
y calculó el número de monedas que traía. ¿Cuánto vale una nieve sencilla? preguntó. Ya algunas personas estaban esperando una mesa y la mesera se impacientó. Treinta y cinco centavos, dijo la mesera bruscamente. El niño contó sus monedas otra vez. Me comeré una nieve sencilla, dijo. La mesera le trajo la nieve, dejó la cuenta en la mesa y se fue. El niño terminó de comer la nieve, pagó a la cajera y salió. Cuando la mesera regresó, empezó a limpiar la mesa, y entonces se tuvo que tragar [su propio orgullo]. Allí, puesto nítidamente sobre la mesa, al lado del plato vacío, estaban dos monedas de cinco centavos y cinco centavitos su propina.
Limpiando el camino para otros
En tiempos antiguos, se cuenta la historia de un rey que ordenó que se pusiera una piedra enorme en medio del camino. Entonces el rey se escondió y se puso a fijar a ver si alguien removería la roca. Algunos de los mercaderes más ricos y otros de la corte del rey pasaron por ahí y simplemente rodearon la gran piedra. Muchos levantaron su voz, echando la culpa al rey por no mantener a los caminos en mejores condiciones, pero ninguno hizo cosa alguna en pro de quitar la roca. Entonces llegó un campesino pobre, llevando una carga de verduras. Al acercarse a la roca, el campesino bajó la carga que traía encima y trató de mover la piedra grande a un lado del camino. Después de empujar mucho y esforzarse bastante, logró hacerlo. Al volver a levantar su carga de verduras, el campesino notó una bolsa en el camino abajo del lugar donde estaba la piedra. La bolsa tenía muchas monedas de oro y una nota del rey, indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino. El campesino aprendió lo que la mayoría de los demás nunca entienden. Cada obstáculo representa una oportunidad de mejorarse a uno mismo. Y, que limpiando el camino a otros también le dará la posibilidad en el futuro de tener un camino limpio.
Dando sangre
Muchos años a tras, a un voluntario del hospital Stanford, le tocó conocer a una niña llamada Liz,
quien sufría de una enfermedad seria y rara. Su única oportunidad de recuperarse venría por medio de recibir una transfusión de sangre de su hermano de cinco años, que también había sufrido de la misma enfermedad y milagrosamente sobrevivió. Su sangre ahora traía los anticuerpos necesarios para combatir el mal [en su hermana]. El doctor explicó la situación al hermano menor, y preguntó al pequeño si estaba dispuesto a dar su sangre a su hermana. Se detuvo en contestar por un momento y después respiró profundamente, Sí, lo haré, si salvará a Liz. Mientras progresaba la transfusión estuvo acostado en la camilla cercas de su hermana. Levantó su vista hacia el doctor y preguntó con una voz temblorosa, ¿Empezaré a morir luego? Por lo pequeño que era, había malentendido la petición del doctor. Pensaba que iba a dar toda su sangre a su hermana, y en el proceso morir.
Trabaja como que no lo estás haciendo por el dinero.
Canta como que estuvieras en la regadera.
Ama como si nunca fueras a ser lastimado.
Danza como que nadie te estuviera viendo.
Cuando tus necesidades estén suplidas, mira a tu alrededor a ver si alguien necesita un poco de ayuda, antes de que empiezas a ver por tus deseos. (P.D.: Ayúdales secretamente
y observa, solamente de lejos, como el rey.)
Te doy buena instrucción; no desampares Mi Torá, Dios.
Bendiciones,
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